Batería de La Voz: mi experiencia como baterista del programa

Trabajar en un programa de televisión es un trabajo apasionante y frenético, y más aún cuando se trata de un espectáculo con música en directo. Cada gesto cuenta, cada entrada tiene que estar en su sitio y no hay margen para el "ya lo arreglamos luego". ¿Queréis saber cómo es el programa por dentro? Os cuento mi experiencia como batería del programa La Voz.
Como muchos ya sabéis, La Voz es un concurso televisivo. Los participantes cantan diferentes canciones, acompañados por una banda en directo. Formar parte de esa banda como baterista es uno de los retos más difíciles a los que me enfrento cada año desde hace varias temporadas. No es solo tocar bien: es sostener emocionalmente a quien está cantando en el momento más importante de su vida, delante de las cámaras y de su público.
Cientos de canciones cada temporada
La Voz se emite en tres formatos diferentes, dependiendo de la edad de los concursantes: Adultos, Kids y Senior. Cada año interpretamos un total de 600 canciones aproximadamente, divididas en las fases de «Audiciones a ciegas», «Batallas», «Asaltos», «Semifinales» y «Gran final».
Ese volumen de trabajo, visto de fuera, parece imposible. Y desde dentro también lo parece muchas veces. La cantidad de temas que pasan por nuestras manos en una sola temporada es enorme, y cada uno de ellos exige preparación, concentración y la energía de tocarlo como si fuera el único. No hay canciones de relleno: para el concursante que la canta, esa es su canción.
Todos los estilos imaginables
Una de las grandes dificultades con que nos encontramos es la enorme variedad de estilos musicales que hay que interpretar: pop, rock, copla, jazz, balada, soul, hip-hop… En un mismo programa puedo pasar de un ritmo contundente de rock a la delicadeza de una balada, y de ahí a la cadencia de la copla o al groove del soul.
Esa es, para mí, la verdadera escuela. Cambiar de registro en cuestión de minutos te obliga a tener interiorizado cada lenguaje, a saber qué pide cada estilo y a respetarlo. Aquí no vale tocar siempre igual: hay que servir a la canción, sea cual sea su género, y hacerlo sonar auténtico. Esa versatilidad es algo que después llevo a cada sesión de mi trabajo diario.
Una batería preparada para todo
Para poder afrontar tantos estilos, necesito una batería con muchos sonidos diferentes. Dos snares, cuatro toms, dos rides y una gran cantidad de accesorios (baquetas, escobillas, hot-rods…) hacen posible que un mismo instrumento ofrezca sonoridades muy distintas.
No es un capricho: es una herramienta de trabajo pensada para responder a cualquier exigencia. Las escobillas me dan la suavidad que pide una balada o un tema de jazz; los hot-rods, un punto intermedio; las baquetas, la potencia del rock. Cambiar de elemento en segundos forma parte del oficio, y tener el instrumento bien preparado es la mitad del éxito.
Leyendo las partituras al vuelo
El ritmo del programa es frenético y agotador. Sería imposible interpretar todas las canciones de memoria. Por eso es imprescindible hacerlo leyendo las partituras que prepara nuestro equipo de arreglistas.
La lectura a primera vista es una de las habilidades que más se valoran en este trabajo, y también una de las más exigentes. Tienes la partitura delante, una sola oportunidad para entenderla, y a partir de ahí toca confiar en el oficio y en el resto de la banda. Porque esto, conviene recordarlo, no es un trabajo individual: somos un equipo. La compenetración entre los músicos es lo que hace que todo encaje cuando la presión aprieta.
¡A la primera!
No hay posibilidad de repetir ninguna canción, así que es necesario grabarlas a la primera. Eso añade un plus de emoción a mi trabajo como baterista de La Voz. No existe el "otra toma": lo que suena es lo que queda, y lo que se queda es lo que ve y escucha todo el mundo.
Esa exigencia de salir bien al primer intento es, precisamente, la que he convertido en mi manera de trabajar. Después de más de 35 años como baterista de sesión y de haber participado en más de 1000 discos, aplico esa misma disciplina cada día en mi estudio de Barcelona, donde grabo baterías online para músicos y productores de todo el mundo. Versatilidad, rapidez y fiabilidad: lo mismo que pide un directo como La Voz es lo que ofrezco en cada sesión.
